Salto histórico con los Aguilera

Lun, 03/10/2016 - 11:42

Una colección digna de ser museo

Las quedadas de la familia del transporte siempre te acercan a otros tiempos y gente que, como tú, disfruta más del óxido y la restauración que de algún caballo arriba o abajo. En una de estas fiestas de la historia conocimos a Pedro Aguilera y su fiel compañero Jaime Madroño, que dan fe de los años pasados en nuestras carreteras con un oficio tan duro como gratificante. Y lo hacen mostrando una colección de camiones que quitan el hipo. Por: Joan Garriga y Telva Somoza.

Pedro Aguilera nos mostró orgulloso su colección de clásicos
El Diamond T es la joya de la corona de la familia
 
Pedro Aguilera con su gran amigo Jaime Madroño

 

Al volante de su inseparable International Loadstar hicimos migas con Pedro Aguilera al instante. Fue la química de los nostálgicos, de los que no se cansan de charlas infinitas sobre lo que fue y debería ser. Pero lo que nos convenció sobre este Aguilera de tercera generación fue su pasión por los icónicos Pegaso, que suele mover su amigo Jaime Madroño gracias a su veteranía al volante de estos camiones. Esta experiencia la debe al transporte internacional durante décadas, una mochila que le permite manejar ágilmente los cambios de velocidad sin sincronizar, un detalle habitual de los modelos de hace cuarenta años. Él mismo nos explica sus andanzas como transportista para la empresa TransPérez, casi siempre al volante de un MAN. De este fabricante admite ser fiel seguidor y su marca preferida tras poder probar desde el Tornado 150 hasta el más reciente TGA. Pese a esta decantación sabe del valor de los Pegasos bien restaurados y de su talento para conducirlos, que no es poca cosa. Ahora ya está retirado pero utiliza las quedadas para “quitarse el mono de camión”.

Jaime Madroño siempre al volante de un Pegaso
Madroño nos explicó como aprendió a conducirlos

 

Madroño nos explicó durante una concentración que el sincronizado de estos ‘carrozas’ “te lo da el tacto de la mano, porque el cambio de bola había que entenderlo”. Él empezó con un Pegaso Europa y admite que no se aclaraba con ese cambio pero fue en una parada en Medina del Campo cuando conoció a un transportista gallego que le enseño los trucos para ser dueños y señor del Pegaso. Admite que Aquello fue una maravilla desde que aprendí a manejar bien esos cambios. Nada que ver con mi último TGA automático, que sólo tenías que frenar en los peajes para pagar. Ahora, en la colección personal de los Aguilera ya tienen un Pegaso mucho más moderno con cambio ZF sincronizado, más cómodo y menos peleón. Y es que los lustros pasan y la evolución “se agradece al comparar un OAF de primera generación con morro y 150 CV que tardaba 12 horas en hacer el trayecto Madrid-San Sebastián, que ahora tarda cinco y media”.

Los Pegaso son parte fundamental de la colección Aguilera

 

Una visita arqueológica

Una cosa llevó a la otra y nos encontramos en su finca, porque no podíamos dejar pasar la ocasión… ¿Verdad? Así que allí nos plantamos tras su invitación para “ir a ver algunos vehículos clásicos…” Menudo eufemismo. Porque lo de los Aguilera no son cuatro camioncetes desgastados. Ahora os lo explicamos.

 
Su colección también cuenta con coches de todas las épocas como estos Clase S

 

Pedro nos adelantó algo mientras llegábamos a su santuario “Sí bueno, más que una colección es un proyecto de lo que algún día nos gustaría que fuese un museo de vehículos clásicos basado en la colección que mi padre Bartolomé fue juntando durante toda su vida”. Tal y como él mismo explica, lo suyo viene de familia y ya conservan “incluso uno de los primeros camiones que hubo en casa. Puesto que mi abuelo era recadero y tenía asignada la ruta desde Aranda de Duero a Madrid, con paradas en diversas poblaciones de la N-I. Ese camión es un Diamond T de 1924.” Sí, eso lo soltó como quien habla de la subida de impuestos. Un camión de casi cien años aparcado en el garaje en el mismo estado que cuando dejó de trabajar por el 1950 y tras 25 cubriendo la dura N-I con el desafío de Navacerrada.

El Diamond T perteneció al abuelo de Pedro Aguilera
Su mantenimiento es vital para el linaje Aguilera

 

Pedro nos explica que: “El Diamond era un camión para seis toneladas de peso total, legalmente, tres toneladas de peso en vacío y otras tres de carga. Aunque mi padre recuerda que en la línea de paquetería a veces se le metía hasta las 8 o 10 toneladas de peso”. Acercándose las ruedas nos muestra un soporte en los que se pueden ver los tacos de madera que servían para elevar el camión, de ese modo “dejaba las ruedas gemelas exteriores libres, para así colocar fácil y rápidamente las cadenas de nieve en las zonas altas”. El detalle más curioso de este camión gasolina viene relacionado directamente con la difícil época de la Guerra Civil y la posguerra, que obligo a adaptar un bloque de gasógeno bajo el capó. “De ese modo quemando madera o carbón podría funcionar. Porque en aquellos años la gasolina no sólo era carísima sino que además por falta de divisas en el país para importarla estaba racionada con vales de las famosas cartillas de racionamiento.”

El Diamond T todavía conserva sus soportes

 

Testigo bélico

En un tiempo en el que faltaba de casi todo el Diamond T fabricado por Estados Unidos llegó cargando de tecnología sus vehículos e incluso produjo un pick-up. Estas armas innovadoras se utilizaron por ambos bandos en la Guerra Civil y desapareció tras la II Guerra Mundial. Por eso toma más empaque la unidad, perfectamente conservada que guarda Pedro Aguilera en su garaje. Eso fue sólo el principio y nos avisó: “Si bueno detrás en el patio hay lo que yo llamo proyectos de restauración, puedes darte una vuelta a ver si encuentras algo interesante...”

También tienen espacio para los motivos bélicos
 
Algunos de sus camiones han salido en películas de época

 

Garriga en el país de las maravillas

Esa finca se convirtió en un sueño hecho realidad para un aficionado al hierro, el óxido y los clásicos como muchos de los nuestros. La vista pasa de una a otra obra sin saber bien a qué atenerse, en que centrarse primero. Como si el tiempo volará hacía atrás presionando tu presente a captarlo todo, todo. Para empezar nos saludó un Unimog 4x4 de primera generación sin motor pero ciertamente entero mientras una serie de Ebros mostraban su morro pelear contra el óxido. Un poquito más allá su hermano casi gemelo, el Opel Blitz, más allá un Ford Super Job para mudanzas y unos cuantos Mercedes con un morro redondeado que marcaron historia…

Este Ebro se conserva perfectamente, otra de sus joyas
 
El interior también mantiene su esencia pese al paso de los años

 

De ciencia ficción

Esos camiones no se habían quedado allí echando raíces y lucieron palmito en la gran pantalla. Tal y como nos comentó Pedro: “algunos de éstos camiones participaron en películas de guerra cuando mis padre participaba en rodajes. Por ejemplo el Cadillac se transformó para transportar cámaras”. De una filmación su padre conservó algunas reliquias auténticas de la Guerra Civil. No hizo falta que nos lo comentara porque ese patio relucía historia con camiones de Ford, Dodge y Chevrolet que fueron usados por ambos contrincantes pagando fortunas a los americanos. La sensación tras pasar entre esas piezas no era la de cruzar un portal del tiempo para mirar desde los prismáticos, más bien era como transportarse al centro de una trinchera.

 
 

Otras curiosidades

Nuestras órbitas empezaban a desfallecer cuando nos cruzamos con la curiosa y extraña Tempo, fabricada brevemente por Barreiros, pero pronto nos llama la atención un tractor Fordson (Hijo de Ford) que llegó para sustituir al exitoso Ford T. Con cerca de 100 años de antigüedad su estado impoluto nos deja sin palabras para afronta una de las joyas de la corona de los Aguilera. El pequeño autobús Nazar que con su diseño barroco hace justicia a la figura que se ha creado de él con el paso de los tiempos. Lejos de dejarnos engañar por sus pequeñas dimensiones sabemos que estamos ante uno de los grandes. Al igual que cuando nos chocamos frente a grente con un camión Ebro de la Serie E o el Ford de cabina avanzada que repostaba en los años 60 en la base de Torrejón.

 
 
Con una sonrisa en la cara y porque el tiempo apretaba nos tocó despedirnos de todas esas reliquias del tiempo. Bartolomé, el padre de Pedro Aguilera, disfrutó con la restauración de estos vehículos antes de su muerte y gracias a su pasión los amantes de la carretera podemos rendir homenaje a su familia. Un linaje de tres generaciones que tiene su sangre ligada al combustible y los camiones clásicos.
 
 
 
 
 
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