Tuning: Los camiones Dekotora de Japón

Mar, 02/11/2010 - 20:45

Decorados al estilo nipón

Cuando el occidental llega por primera vez a Japón sufre algo así como un estado catatónico y es que la sorpresa de lo que allí nos aguarda resulta tan descomunal que uno debe adaptarse para asimilar lo que allí verá.   Por Joan Garriga

Los Dekotora ganan espectacularidad por la noche, gracias a su iluminación.

La estética oriental tiene poco que ver con lo que por aquí consideramos habitual y eso resulta tan evidente si hablamos de trajes de época, publicidad en la calle de una ciudad o camiones decorados. Aunque buena parte de Japón no es más que una sucesión de ciudades que se unen una tras otra, lo cierto es que aquel país formado por un archipiélago de islas, que entre las tropicales de Okinawa y la norteña de Hokkaido distan casi 3.000 kilómetros entre sí, también aloja una serie de largas rutas de transporte jalonadas por tramos urbanos, autopistas montañosas e incluso enlaces de ferries entre islas y espectaculares puentes sobre el mar.

Este camión trabaja cada noche en el transporte de pescado.

Allí el camionero mide sus desplazamientos en kilómetros, pero también en horas cuando se entra en grandes urbes como Tokyo, donde la ciudad se extiende  a lo largo de decenas de kilómetros, donde los atascos pueden ser casi permanentes y la actividad no cesa durante las 24 horas de la jornada. Y es que debemos tener en cuenta que la unión de distritios que forman la conurbación de Tokyo reúne a 30 millones de personas.

Para no añorar el hogar..¿Qué mejor que colocar la lámpara del comedor en la cabina?
Los camioneros nipones aman su trabajo y decoran el camión siempre que pueden.

 En esas situaciones se agradece que el cambio sea automático y el consumo depende más de lo que gaste nuestro motor al ralentí y de lo finos que seamos como conductores en las arrancadas, que no de las prestaciones de nuestro camión a 80 km/h. Además teniendo en cuenta que muchos transportistas pasan casi todo el tiempo de su vida laboral trabajando sin abandonar tramos urbanos. Eso explica que, al contrario de lo habitual en Europa, en Japón los trailers sean minoría. La mayor parte de camiones son rígidos ligeros de dos ejes y menos de 10 toneladas de peso total, mientras que el transporte pesado se suele realizar en camiones de tres y cuatro ejes, respectivamente para 25 y 32 toneladas de peso total.

La asociación Dekotora de la isla de Hokkaido al completo.

Esto es así por la mayor maniobrabilidad que este tipo de vehículos ofrece circulando por ciudad. Los trailers quedan así reducidos para los transportistas con rutas específicas que circulen habitualmente por carreteras lejos de la ciudad o bien para empleos concretos como los especialistas en traslado de contenedores.

Tradición camionera

Pese a su modernidad, Japón conserva templos medievales enmedio de grandes urbes.
Así es el panorama urbano japonés.

La sociedad japonesa combina de un modo espectacular y único tradición e innovación, hasta el punto en que junto a una espectacular autovía edificada sobre el mar a pocos metros uno puede descubrir un templo medieval construido en madera para conmemorar el sacrificio de un grupo de samuráis en una batalla histórica. Eso, aplicado al oficio que aquí nos ocupa, significa que cualquier camionero en Japón está habituado a conducir vehículos eficaces, ahorrativos y modernos, donde hace ya varios años los motores híbridos diesel eléctricos son habituales en las flotas de reparto urbano. Además sus carrocerías incluyen todo tipo de automatismos, de modo que los laterales se abren automáticamente cuando el chófer los acciona para descargar desde la cabina. Sin embargo esos modernos Toyota, Mitsubishi Fuso o Hino, por citar tres de las marcas que copan buena parte del mercado local de vehículos pesados, pueden combinar las más modernas prestaciones con un aspecto externo que no sabemos si describir como futurista o inspirado en los antiguos templos sintoístas de la era samurái.

Los llaman "Cadillac bumper" por su inspiración en el famoso turismo americano.

Espíritu dekotora

Dekotora, así suena la palabra nipona que describe los camiones decorados más espectaculares del mundo. Y es que si algo demuestran que saben hacer a la perfección nuestros colegas del país del sol naciente es llamar la atención. La moda surgía en los años 70 cuando se pusieron de moda las películas y series de Televisión con camioneros como protagonistas.

Este tres ejes es un auténtico peso pesado en Japón, donde escasean los trailer.
Los dekotora no respetan demasiado las dimensiones originales del vehículo, lo cual no agrada a la policía de tráfico.

Todos recordamos películas como las estadounidenses Convoy y las que protagonizaría Burt Reynols, aquello creó una moda internacional, que en España se plasmaría en Los Camioneros con Sancho Gracia y sus Pegaso y que en Japón tuvo una peculiar interpretación donde los camioneros revivían viejas narraciones de enfrentamientos entre samuráis rivales y, claro, para realzar las luchas pues los guionistas pensaron que sería buena idea adornar un poco los camiones. Y aquello fue creando escuela. Desde entonces cuando un transportista quiere personalizar su vehículo lo hace a base de adornos que imitan turborreactores, techos inspirados en pagodas y pinturas que rememoran las andanzas de héroes legendarios del Japón como Miyamoto Mushasi, gran guerrero medieval.

Los accesorios dekotora llegan a duplicar el precio del camión original.

Llamar la atención

Japón es un país cuyos habitantes, excepción hecha de los exclusivos luchadores de sumo, son más o menos de la misma talla, tienen los ojos negros y el pelo moreno. Eso hace que el sueño más o menos indisimulados de muchos japoneses sea llamar la atención y sentirse diferente ante sus casi 130 millones de compatriotas.

Sentarse frente a los camiones, degustando cerveza Saporo y hablar sobre dekotoras...¡Una buena reunión del club!
El kimono ceremonial identifica a los miembros de cada asociación Dekotora.

Así las cosas, cuando un camionero nipón trata de personalizar su vehículo, lo hace de modo que nadie sea capaz de confundirlo con cualquier otro. Lo que primero nacía como una serie de transportistas fans de sus personajes televisivos, poco a poco se fue convirtiendo en escuelas, que a imagen y semejanza de las viejas escuelas de artes marciales, son grupos cerrados, centrados en una disciplina y con una fuerte jerarquía interna. Si un camionero quiere formar parte de una asociación de Dekotoras no lo tiene nada fácil. Los miembros de ella deben aceptarlo y para merecer tal honor uno debe convencerles que decorará su camión y lo cuidará con gran esmero y originalidad. Y eso respetando algunas reglas.

Los Dekotora ofrecen toda su espectacularidad brillando en plena noche.

Los Dekotora deben ser camiones con los cuales se trabaja, no vale tenerlo en el garaje y sacarlo sólo para las reuniones del club. Aunque la policía los persiga se deben mantener los accesorios instalados y , por último pero más importante regla; el aspecto del camión tiene que resultar siempre impecable. La mayor parte de dekotora pertenecen a camioneros autónomos o pequeñas flotas. En la actualidad existen por todo el país, aunque su origen se dio entre los transportistas de pescado, los que hacían las rutas urgentes desde la isla de Hokkaido hasta el mayor mercado de pescado fresco del mundo, el del puerto de Tokyo. Y es que cuando la cadena televisiva Toei empezó a rodar sus historias de camioneros recurrió a estods transportistas para que ellos decorasen sus camiones y protagonizaran las escenas de carretera. Con el tiempo las series de camioneros pasaron de moda, pero los transportistas siguieron circulando con sus obras de arte sobre ruedas y su ejemplo fue cundiendo por las carreteras de todo el país. Hoy en día los Dekotora forman algo así como una secta exclusiva, la policía de tráfico los persigue y algunas grandes multinacionales los prohíben en sus muelles de carga, porque se niegan a asumir el cuidado en las maniobras y las relclamaciones que surgen, cuando uno de estos camiones acula en un muelle. Sin embargo para los miembros de un club Dekotora sigue siendo un gran honor que le permitan conducir y trabajar con uno de esos vehículos. Por ello pagan con gusto, pese a lo costoso, las multan que se ganan a causa de los complementos decorativos y llegan a gastar dos o tres veces el importe de la compra de su camión en los elementos decorativos que incorpora.

 

El estilo Dekotora también resulta impresionante en el interior de las cabinas.

Complementos esenciales

Todo Dekotora que se precie debe tener unos macarrónicos espejos retrovisores que sobresalgan casi un metro por delante del parabrisas, recubiertos por el metalizado más deslumbrante posible. La visera parasol así mismo a poder ser tiene que prolongarse en altura y cubrir toda la cabina, habitualmente con un diseño que imita el techo de los viejos templos orientales. En cuanto a los parachoques… Algunos parecen la proa de un transatlántico y otros directamente imitan el frontal, con capot incluído, de un Cadillac de los 70. Si completamos todo ello con unos pilotos de gálibo tamaño gigante con un diseño parecido a un cohete espacial ya empezamos a tener un Dekotora como Dios o Buda mandan. Eso sí, si somos más ambiciosos y lo que pretendemos es llevarnos el premio al Dekotora más espectacular en la reunión anual del club nuestro presupuesto se duplicará, como poco. En ese caso una buena pintura decorativa basada en animales mitológicos o samuráis medievales resultará imprescindible y, naturalmente, un buen sistema de iluminación capaz de convertir el Dekotora cuando circule por la noche en lo más parecido a una nave extraterrestre. Y todo ello procurando que la policía de tráfico no nos pille y se le ocurra inmovilizar el vehículo. En fin, que si nos quejamos de cómo se ha puesto el oficio en nuestro país, vemos como en Japón las cosas reusultan todavía más complicadas.

Increíble pero así es el mundo de los Dekotora nipones, que el autor de este artículo tuvo la suerte de conocer hace algunos años gracias a la invitación de la asociación Dekotora de la isla de Hokkaido. Todo un honor y un placer.

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