Camiones a vapor: el inicio del transporte por carretera hace más de 100 años

    Lun, 28/01/2013 - 19:45

    Los Steam Wagon de Beyer, Peacock & Company

    Se trata de una réplica del camión a vapor original fabricado en 1904.
    La marca fabricó sólo unas docenas de camiones a vapor aunque se mantuvo un siglo fabricando locomotoras.

     

    Aunque con nuestros ojos del siglo XXI a algunos cueste imaginarlo, lo cierto es que mientras a inicios del siglo pasado el transporte de mercancías por carretera empezaba a mecanizarse, tratando de competir con el entonces ya consolidado ferrocarril y superando a los carros tirados por tiros de animales, lo cierto es que las calderas y los motores a vapor eran según muchos ingenieros la mejor opción para motorizar un camión.

    Esta réplica del camión a vapor original está construida a escala y tiene ya más de 30 años.

     

    ¿Si era bueno para el modernísimo ferrocarril por qué no iba a serlo para los camiones? Así pensaban muchos ingenieros siguiendo la estela de entusiasmo con que la invención de un escocés llamado James Watt, la máquina de vapor, estaba cambiando el mundo a caballo entre los siglos XIX y XX, transformando unas sociedades todavía muy centradas en la agricultura y la transformación basada en materias primas nauturales en otra industrial capaz de transformar e incluso dominar, quizás destrozar viendo el proceso con un siglo de perspectiva, la naturaleza. Y durante la primera década del siglo XX estaba claro que la fuerza de esa nueva sociedad industrial era la fuerza del vapor.

    Caballos de vapor

    Sin embargo cuando el vapor empezaba a disfrutar de su dominio prácticamente universal extendido a todo tipo de mecanismos, desde los motores de los más modernos navíos hasta maquinaria de fábricas textiles pasando por ferrocarriles e incluso los primeros automóviles a vapor, llamados locomóviles, una rabiosa novedad técnica, el llamado motor de combustión interna, alimentado por gasolina empezó a amenazar al poderosísimo vapor.

    Las calles del centro de Cambridge han cambiado poco desde 1904.
    El fogonero no puede descuidar la caldera ni en las paradas.

     

    Los motores de combustión interna resultaban ruidosos, necesitaban gasolina para funcionar y eso obliga a manipular con cuidado grandes garrafas de ese delicado y peligroso líquido, a la vez que se averiaban fácilmente y su potencia resultaba más bien escasa para atreverse a transportar poco más que cuatro o cinco pasajeros. De hecho durante la primera década del pasado siglo un motor a gasolina de 10 CV era un maquinón por su alta potencia. Sin embargo los primeros coches irrumpían velozmente en un tráfico rodado hasta entonces reservado a los carruajes. No tardó en verse la ventaja de un artilugio casi tan veloz como el ferrocarril pero que podía transitar por los mismos caminos que los carruajes. Y poco a poco se iban creando mayores automóviles, el primer camión de Daimler de hecho databa de 1896 y con su humilde motor de 4 CV podía transportar 1.500 kilogramos.

    ¡Más madera!

    Gracias a los aficionados a la historia del transporte podemos volver a ver en funcionamiento camiones de vapor.

     

    Todavía no habían nacido los Hermanos Marx, que popularizarían dicha frase en una de sus alocadas comedias, aunque a lo largo y ancho del mundo ya exisitían multitud de fogoneros que alimentaban con entusiasmo calderas para accionar máquinas de todo tipo. Si se requerían fuertes esfuerzos mecánicos parecía que la caldera de vapor era la mejor solución técnica. Así que frente a los novedosos motores alimentados por gasolina firmas como un veterano productor británico de locomotoras a vapor de Manchester llamado Beyer, Peacock & Company en 1904 decidía plantar cara a los fabricante de camiones con motor a gasolina… Había nacido su Steam Wagon equipado con una pequeña a caldera y motor a vapor para demostrar que también en carretera la fuerza del vapor iba a imponer su clara superioridad.

    En esta cabina abierta, con la caldera y el horno de carbón en el centro nunca se pasaba frío.

     

    El Steam Wagon de Beyer, Peacock & Company creado en 1904 podía con cualquier carga de la época, incluso servía para arrastrar varios remolques, dada su descomunal potencia que alcanzaba los 40 CV. Debemos tener en cuenta que uno de los camiones más eficaces de la época, el francés Berliet Type M de 1910 se conformaba con los 22 CV que rendía su motor de combustión interna alimentado por gasolina.

    El petróleo derrotó al carbón

    Dada su poca velocidad es obligatoria la señalización especial del vehículo a vapor.
    La transmisión de la potencia se hacía mediante cadena hacia 1904.

     

    Sin embargo pese a la inigualable fiabilidad de una buena máquina de vapor y a las grandes potencias que eran capaces de suministrar, lo cierto es que  el Steam Wagon no sería más que un recuerdo anecdótico en la historia del fabricante de locomotoras de Manchester, puesto que sólo completaría algunas decenas de camiones a vapor con la marca en el frontal de Beyer, Peacock & Company. ¿El motivo? Si bien los primeros automóviles de gasolina tenían un complejo sistema de arranque a manivela eso seguí siendo un proceso más fácil y rápido que llenar una caldera de agua, alimentar el fogón con paladas de carbón, esperar a tener presión y con ello disponer de la potencia necesaria. Además la caldera siempre debía mantenerse alimentada y con presión de agua, ni poca

    El puesto del fogonero en la cabina.
    Puesto del conductor de un camion a vapor.

     

    presión para superar las pendientes ni excesiva para perder presión a modo de vapor lanzado por la válvula de escape o bien arriesgarse a sufrir una devastadora explosión… Sólo bastó que durante los años 20 y 30 la carrera tecnológica fuese haciendo crecer las potencias de los motores a diesel y gasolina para que el Steam Wagon quedase reservado para algunos nostálgicos de la historia industrial. Para los motores a vapor sería el su primera derrota, la carretera adelantó el fin de una tecnología que todavía dominaría durante varias décadas locomotoras de ferrocarril y naves marinas… Sin embargo el motor de combustión interna, diesel o gasolina, había llegado para quedarse, como mínimo durante un siglo más, cuando todavía hoy no vemos claro a su futuro substituto.

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